El año 1917 el biólogo y matemático escocés D´Arcy Thompson publicó un libro titulado On Growth and Form que iba a ejercer una gran influencia sobre varias generaciones de biólogos, artistas, arquitectos e ingenieros. En su libro, D´Arcy Thompson establecía los límites de las formas que la Naturaleza es capaz de generar. Tan solo un número limitado de morfologías son posibles entre los organismos vivos, pues no todas son viables a largo plazo. D´Arcy Thompson definía en su libro cuáles sí son viables y por qué. Así, en el período cámbrico (entre 539 y 487 millones de años atrás) se dio una explosión de formas de organismos vivos, la mayoría de las cuales no logró prevalecer y hoy son testigo fósil de formas vivas inadaptables. Fueron generadas, no eran viables, no se adaptaron y desaparecieron.
Algo parecido sucede con las tecnologías. No todas las tecnologías posibles son viables. Ambas, formas vivas y tecnologías, están sujetas a limitaciones (constraints) de diverso tipo: estructurales, metabólicas, termodinámicas, etc….. Algunas perviven pero la mayoría no. En sus estudios de Historia de la Economía, el Premio Nobel Joel Mokyr demostró que el incremento en la productividad económica de Europa a partir de mediados del siglo XIX, durante la Revolución Industrial, estuvo ligada, además de a razones demográficas y sanitarias, a la emergencia de tecnologías con capacidad de diversificación en diversos sectores (General Purpose Technologies). Esa es una de las principales limitaciones que debe superar una tecnología para imponerse con claridad: su multiaplicabilidad. Tal fue el caso de las máquinas de vapor o de los transistores: tecnologías clave que actuaron como tractor de sectores económicos completos. Tanto en la vida como en la tecnología, la diseminación de las ventajas es clave para consolidar el éxito.


